Visitar el Mar Muerto en Jordania: consejos, curiosidades y nuestra experiencia
Cuando viajamos a Jordania teníamos claro que queríamos darnos un baño en el famoso Mar Muerto. Lo habíamos visto mil veces en fotos, pero una cosa es verlo… y otra muy distinta es estar ahí, flotando sin esfuerzo en ese agua tan salada y rara.

Lo que no queríamos era acabar en una zona llena de resorts o autobuses de turistas, así que buscamos algo más tranquilo. Tuvimos suerte y encontramos un alojamiento alejado de todo, justo frente al mar, con acceso directo a una pequeña playa. Fue una de las mejores decisiones del viaje.
Un lugar sin ruido ni prisas
Llegamos al alojamiento después de conducir un buen rato por carreteras solitarias. No había grandes hoteles alrededor, ni chiringuitos, ni tiendas de souvenirs. Solo el silencio, el mar, y nosotros.
La primera impresión fue alucinante: las rocas junto a la orilla estaban cubiertas de cristales de sal que parecían nieve. De cerca te das cuenta de que son durísimos y que no es buena idea pisarlos sin calzado. De hecho, entrar al agua fue más complicado de lo que imaginábamos, porque los cristales son muy afilados. Llevábamos chanclas, pero se nos clavaban igual, así que avanzamos despacito.

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(No es publicidad, no hay comisiones. Solo ganas de que más gente disfrute de una buena experiencia.)


La sensación de flotar sin hacer nada
En cuanto te metes un poco más, la sensación es totalmente diferente a la de cualquier otro sitio. El agua del Mar Muerto tiene tantísima sal que tu cuerpo flota sin esfuerzo, aunque no quieras. Puedes tumbarte, leer, o simplemente mirar el cielo. Es imposible hundirse.
Lo curioso es la textura del agua: no se siente como agua normal, es más espesa, como si tuviera un poco de aceite. Y cuando sales, te deja la piel suave pero también un poco pegajosa hasta que te duchas. Nos pasamos buena parte del día simplemente flotando y riéndonos porque era algo tan raro y divertido que no podíamos parar de comentarlo. Era imposible no disfrutarlo.


Nuestra opinión y lo que nos llevamos de la experiencia
Pasar un día en el Mar Muerto fue una experiencia única. No es un sitio donde haya mil cosas que hacer, pero es uno de esos lugares que hay que vivir al menos una vez.
Nos encantó alejarnos del ruido, flotar en silencio, ver las montañas del otro lado (en Israel) y disfrutar del calor, el agua y el entorno. No fue una actividad llena de adrenalina, pero sí uno de esos momentos tranquilos que recuerdas con cariño.
Y aunque parezca una tontería, flotar ahí, sin poder hundirte, te hace sentir raro pero feliz, como si el mar te abrazara para que no tuvieras que preocuparte de nada.


Consejos para bañarte en el Mar Muerto sin sustos
Después de pasar el día ahí, aprendimos varias cosas que te pueden servir si estás planeando visitarlo:
- No te afeites/depiles justo antes de entrar al agua. Con tanta sal, cualquier herida o corte escuece muchísimo.
- No te metas la cabeza bajo el agua ni frotes los ojos si te salpica. Te prometo que arde.
- Lleva calzado resistente para el agua. Los cristales de sal del fondo son afilados y puedes cortarte si vas descalzo. El culo de Marta es testigo de esto.
- No intentes nadar. No hace falta, y además es incómodo porque las piernas se te levantan solas. Lo mejor es flotar y dejarte llevar.
- Aclárate después del baño. Si tu alojamiento no tiene ducha cerca, lleva una garrafa de agua dulce para quitarte la sal.
- Evita las zonas más turísticas si quieres tranquilidad. Hay lugares con acceso más natural donde puedes disfrutar del mar casi en soledad.

Nota: Aunque todo el mundo lo llama “mar”, en realidad es un lago sin salida al océano. Con los años, el agua se ha ido evaporando y la concentración de sal ha aumentado muchísimo. Por eso flotamos tan fácilmente y las orillas se cubren de cristales que parecen esculturas de hielo.
Algunos datos curiosos del Mar Muerto
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- El Mar Muerto está a unos 430 metros por debajo del nivel del mar, lo que lo convierte en el punto más bajo del planeta.
- En realidad no es un mar, sino un lago, y tiene una salinidad casi 10 veces mayor que la del océano.
- Esa cantidad de sal hace que no haya peces ni vida marina, de ahí su nombre.
- Las sales y el barro del Mar Muerto se utilizan desde hace miles de años con fines terapéuticos y cosméticos.
- El agua está tan cargada de minerales que algunos la describen como “espesa”. No es un efecto psicológico, se nota de verdad.
- Y un detalle curioso: al estar tan bajo, el aire aquí tiene más oxígeno que en el resto del país, lo que hace que respirar sea más fácil y el ambiente se sienta distinto.



