A lo largo de los dos días de campamento con los Mursi en el Valle del Omo, fuimos testigos de una de sus prácticas más sorprendentes y, a la vez, fundamentales para su forma de vida: lo que ellos llaman el “desayuno Mursi”. Una tradición que, aunque pueda parecer chocante para los visitantes, tiene todo el sentido dentro de su realidad diaria.


En qué consiste el desayuno Mursi
Cada mañana, los miembros de la tribu realizan un ritual alrededor de sus vacas, que son el verdadero corazón de su supervivencia. Al amanecer, caminan hasta donde el ganado pasa la noche y eligen una de las reses para el ritual.
El proceso es sorprendente: entre varios hombres inmovilizan a la vaca y le colocan un torniquete suave en el cuello, lo suficiente para resaltar una arteria. Luego, con una pequeña flecha, perforan esa arteria y extraen entre uno o dos litros de sangre en un cuenco hecho de calabaza.


Una vez recogida la sangre, tapan la herida con un poco de barro y liberan al animal, que vuelve a integrarse con el resto del rebaño. Es importante destacar que el animal no muere ni queda inutilizado: al día siguiente será otra vaca la elegida, asegurando así que ninguna sea sobreexplotada.
Beber sangre para sobrevivir
La sangre recién extraída se reparte entre los miembros de la comunidad. Cada persona bebe algunos sorbos, ya que para ellos es una fuente esencial de proteínas y grasas. Su dieta diaria está basada casi exclusivamente en los cereales que cultivan, a veces fermentados, y solo consumen carne en ocasiones puntuales, como celebraciones, por lo que estos tragos de sangre les ayudan a mantener una dieta sana que no podrían permitirse de otra forma.


De ahí que este “desayuno” no sea un simple ritual: es un aporte vital de nutrientes que equilibra su alimentación en un entorno duro y muy limitado.
Para los Mursi, la sangre de sus vacas es un aporte vital de nutrientes.
Un choque cultural para el visitante
Como viajero, observar este momento es impactante. Ver cómo un chorro de sangre fresca llena un cuenco y después es bebido en comunidad puede resultar extremo, pero también es una lección sobre adaptación y supervivencia. Para los Mursi, esta práctica no tiene nada de extraño: es parte de su identidad y de la relación íntima que mantienen con su ganado.


Reflexión personal
Formar parte de un “desayuno Mursi” fue una de esas experiencias que te sacuden y te hacen reflexionar sobre cómo la cultura y la necesidad modelan las costumbres. Puede que desde fuera nos choque, pero para ellos es una práctica natural y un ejemplo perfecto de cómo los pueblos del Valle del Omo han aprendido a sobrevivir en un entorno tan difícil.

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