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Llegamos a Wadi Rum con una mezcla de impaciencia y curiosidad. Fueron tres días que se grabaron nuestra memoria: el primer día para aterrizar (literalmente) en el desierto, el segundo para recorrer ese paisaje marciano tras las huellas de los beduinos, y el tercero para subir al pico más alto de Jordania, el Jabal Umm ad Dami, bordeando la frontera con Arabia Saudí. Aquí va nuestra historia, con sus sorpresas, risas, momentos de silencio bajo el cielo infinito y la compañía inolvidable de nuestros guías beduinos.

En este post te vamos a contar nuestra experiencia en Wadi Rum, los sitios a los que fuimos y como nos organizamos, así como algunos consejos útiles que te servirán para tener la mejor experiencia posible si te decides a vivir esta maravilla natural.

Día 1: Llegar, comprobar y asentarse… con sorpresa incluida

Desde el momento en que dejamos el asfalto para llegar al punto de encuentro con la pick up del hotel, supimos que algo no cuadraba. Teníamos reservado un alojamiento “dentro de la reserva”, una habitación burbuja en medio del desierto.

Nos vinieron a buscar en un 4×4 para llevarnos a nuestra burbuja. Pero una vez allí, nada más intercambiar unas palabras con el tipo, todo lo que sospechábamos terminó convirtiéndose en real. Descubrimos que existe una estafa bastante común en la zona: muchos alojamientos “anunciados” en plataformas aparecen como “dentro de Wadi Rum”, cuando realmente están afuera, a las afueras de la reserva, manejados por intermediarios que buscan estafar a sus clientes. Una vez, te han llevado a un lugar aislado en mitad del desierto, sin cobertura y a merced de que te lleven en su 4×4 a cualquier lado, es donde empiezan a extorsionarte sobre lo que tienes que contratar obligatoriamente con ellos a precios desorbitados.

Por suerte, días atrás, debido la poca confianza que me daban los mensajes que me mandaban desde el hotel, yo ya había entrado en contacto con auténticos beduinos (los que viven en el desierto) para contratar con ellos las excursiones de los días siguientes, y además que fueran ellos quienes nos movieran a todos lados en sus vehículos.

Si quieres saber más sobre esta estafa, que está causando que los auténticos beduinos pierdan sus negocios de turismo sostenible, te contamos todo en el post dedicado a ello:

Día 2: El desierto que no parece de este mundo

Este fue un día de absoluta inmersión. Dos beduinos encantadores vinieron a buscarnos temprano al campamento: se convirtieron en nuestros guías, cocineros, compañeros de charla y amigos. Se notaba que conocían cada rincón del desierto (de hecho viven el él), cada duna, cada roca con inscripciones ancestrales… todo.

Salimos en su 4×4 por los lugares clásicos del desierto de Wadi Rum: la duna de arena roja que baja como una ola inmensa, el arco de piedra natural que parece un portal hacia otro mundo, y los petroglifos grabados en roca, huellas de los que vivieron aquí mucho antes que nosotros. En medio del desierto nos prepararon la comida: pan recién hecho, té, charlas infinitas y muchas risas.

Y por la tarde nos llevaron a lo alto de una montaña para ver uno de esos atardeceres que se graban para siempre. La luz dorada se esparcía por el valle, las rocas se ponían rojas, y nosotros solos contemplándolo. Por la noche: cena hecha en la hoguera, solos en la inmensidad del desierto, bajo el mejor cielo de estrellas que habíamos tenido nunca.

Nota: El paisaje de Wadi Rum ha sido escenario de varias películas que retratan otros planetas. Su terreno rojizo y rocoso ha sido usado como Marte en The Martian (con Matt Damon), como planeta alienígena en Star Wars, y como fondo en Dune o Prometheus.

Día 3: Ascenso al pico Jabal Umm ad Dami

Si el segundo día fue andar por un sueño, el tercero fue aun mejor. Subir al Jabal Umm ad Dami significaba alcanzar el punto más alto de Jordania (1.854 m de altura), con vistas que alcanzaban hasta la frontera saudí.

Nos llevaron en 4×4 al pie de la montaña, al sur del desierto. Empezamos a subir: roca, arena y alguna parada para recuperar el aliento, disfrutar el silencio y mirar hacia atrás. Alcanzar la cima fue un momento de vértigo tranquilo: el viento, la inmensidad, el símbolo de estar “arriba”, por encima de todo.

Y allí, en la cima, tomamos té beduino. El gesto, la hospitalidad, el compartir círculo, fue uno de los momentos más auténticos del viaje. Al bajar nos esperaba la comida de nuevo, hecha allí mismo por el compañero que se quedó abajo esperando. Y de nuevo el atardecer sobre las rocas, la noche en el desierto, las risas con nuestros nuevos amigos beduinos.

Conclusión del día 3: fuimos más altos, vimos más lejos, y nos sentimos más pequeños.

Wadi Rum no es solo un desierto, es un lugar donde el tiempo se detiene.

Lo que aprendimos y lo que nos llevamos

Wadi Rum fue para nosotros una de esas paradas que no esperabas tanto… y que terminas enamorado de cada rincón. Un paisaje que parece de otro planeta, dos amigos beduinos que hicieron que todo fuera mejor de lo planeado, y tres días que quedaron como capítulo favorito en el cuaderno de viajes con sus aprendizajes:

    • Una de las mejores compañías posibles: nuestros guías beduinos. No solo condujeron el 4×4. Nos enseñaron su forma de vida, compartieron charla, risas y hospitalidad. Nos fuimos con dos amigos más.
    • Atención al hacer reservas: comprobar ubicación real, condiciones, credibilidad.
    • El desierto no es solo arena: es mundo, es historia, es silencio. Y cuando estás abierto a vivirlo sin prisas, te regala mucho.
    • Ese cielo estrellado que no se ve en la ciudad. La noche que pasamos en el desierto lo demostró.
    • Y, al final, la sensación: de haber estado fuera del mundo normal. De haber entrado y salido del desierto y haber traído algo con nosotros: calma, asombro, humildad.

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Si tú también quieres recorrer Wadi Rum de forma auténtica, segura y personalizada, escríbenos a través del formulario de contacto o pon un comentario en el post y te escribiremos con más detalles.
(No es publicidad, no hay comisiones. Solo ganas de fomentar los servicios locales y que más gente disfrute de una buena experiencia.)

Consejos prácticos para tu visita a Wadi Rum

Si planeas visitar el desierto de Wadi Rum, es importante tener en cuenta algunos aspectos para no cometer algunos errores que pueden hacer que pases un mal rato:

  1. Cuidado a las estafas: Comprueba que el campamento está realmente dentro de la reserva si eso es lo que quieres.
  2. Reserva con guías beduinos de la zona: apoyo local auténtico, experiencia rica.
  3. Si vas a subir al Jabal Umm ad Dami: buen calzado, agua, y lleva el ritmo tranquilo. No es escalada técnica pero sí exige algo de esfuerzo.
  4. No te olvides de mirar al cielo cuando caiga el sol. Y de sentarte. Y de respirar.
  5. Lleva ropa para la noche: bajan las temperaturas en el desierto, incluso si el día ha sido cálido.

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