Jordania es de esos países que sorprenden incluso cuando crees saber lo que te vas a encontrar. Llegas pensando en Petra… y acabas hablando del té beduino, del color del desierto o de lo raro que es flotar en el Mar Muerto.
En esta entrada te contamos las 13 mejores cosas que ver y hacer en Jordania, mezclando historia, naturaleza y experiencias que hacen que este país se quede contigo mucho más allá del viaje, para que puedas organizar tu viaje sin tener que perderte nada.
Lugares que no te puedes perder
1. Explorar Petra, la joya del desierto
Petra no necesita presentación, pero vivirla en persona es otra historia. El camino hasta el Tesoro, ese pasillo de roca estrecha llamado el Siq, es ya parte de la magia. Cada paso te acerca a una imagen que parece sacada de una película… y cuando llegas, el paisaje se abre y te quedas sin palabras.
Pero Petra no es solo el Tesoro. Es una ciudad entera excavada en la piedra: templos, tumbas, escaleras infinitas, miradores, columnas, y hasta un teatro romano.
Si tienes tiempo, quédate al menos dos días: uno para recorrer lo clásico y otro para subir al Monasterio (Ad Deir) o hacer alguna de las rutas menos transitadas.
Consejo: Ve temprano para evitar el calor y las multitudes. Lleva agua, calzado cómodo y energía: vas a caminar bastante.


2. Dormir en el desierto de Wadi Rum
Si hay un lugar que se siente sacado de otro planeta, es Wadi Rum. Montañas de arenisca, dunas rojizas, silencio absoluto y una luz que cambia a cada hora del día. Pasar una noche aquí, en un campamento beduino, fue de las mejores experiencias del viaje. Hicimos ruta en 4×4 con nuestros guías, vimos arcos naturales, inscripciones antiguas y un atardecer que parecía fuego.
Por la noche, cenamos junto al fuego, escuchando historias mientras el cielo se llenaba de estrellas. Dormir en una “burbuja” o tienda tradicional es algo que recordarás siempre.


3. Flotar en el Mar Muerto
Bañarte en el Mar Muerto no se parece a nada que conozcas. Entras al agua y, sin hacer nada, flotas como un corcho. Es una sensación extraña y divertida al mismo tiempo. La sal es tan concentrada que el agua se siente densa, casi aceitosa, y al salir deja la piel muy suave.
Nosotros fuimos a una zona más tranquila, fuera de los resorts, y fue una experiencia auténtica y relajada. Eso sí: no te afeites justo antes de entrar y evita mojarte la cara o los ojos (pica muchísimo).


4. Pasear por Amán, la capital
Amán es una mezcla de historia antigua y vida moderna. A primera vista puede parecer caótica, pero una vez la caminas, tiene su encanto. Puedes empezar por la Ciudadela y el Teatro Romano, y luego perderte por Downtown (Al-Balad), lleno de tiendas, puestos y cafés.
Lo mejor de Amán es su ambiente: la gente charlando, los aromas de especias, los sonidos del mercado. Termina el día con un té en una azotea viendo cómo cae la noche sobre las colinas de la ciudad.


5. Visitar Jerash, la ciudad romana mejor conservada del país
Jerash fue una sorpresa enorme. A solo una hora de Amán, es como caminar por una ciudad romana entera. Las columnas, los templos, los teatros y hasta los surcos de los carros siguen visibles en la piedra. Lo que más nos llamó la atención fue que algunas columnas pueden moverse ligeramente al tocarlas, una técnica que los romanos usaban para resistir terremotos.
Caminar por el foro ovalado o la avenida principal (Cardo Maximus) es como viajar en el tiempo. Si te gusta la historia, no te la puedes perder.


6. Descubrir los mosaicos de Madaba
Madaba es conocida como “la ciudad de los mosaicos”, y con razón. En sus iglesias y museos se conservan auténticas obras de arte bizantinas hechas con miles de pequeñas teselas. La más famosa es el Mapa de Madaba, un mosaico del siglo VI que representa Jerusalén y Tierra Santa, y es el mapa cartográfico más antiguo que se conoce de esa zona.
El pueblo además tiene buen ambiente, tiendas pequeñas y cafés donde puedes parar un rato. Si vas camino al Mar Muerto o al Monte Nebo, merece totalmente la parada.


7. Subir al Monte Nebo
Este lugar tiene una importancia religiosa enorme: desde aquí, según la Biblia, Moisés vio la Tierra Prometida antes de morir. Pero más allá de la historia, el sitio tiene unas vistas preciosas del valle del Jordán y, en días despejados, se puede ver incluso Jerusalén.
Arriba hay una iglesia moderna con mosaicos antiguos restaurados, y una atmósfera muy tranquila.


8. Bucear o hacer snorkel en Áqaba
Después de tanto desierto, toca mar. Áqaba es el único acceso de Jordania al Mar Rojo, y su fondo marino es impresionante. Aquí hicimos dos inmersiones: una en un arrecife lleno de vida y otra en el famoso avión hundido, una experiencia brutal. Nadar entre sus ventanas y ver el interior del avión bajo el agua fue algo único.
Si no buceas, también puedes hacer snorkel: el agua es clara y los corales están cerca de la superficie.


9. Recorrer la Ruta de los Castillos del Desierto
Una excursión diferente que te saca del circuito habitual. Al este de Amán hay varios castillos construidos en época omeya, hace más de 1.200 años. No son fortalezas medievales, sino antiguos palacios y pabellones de descanso. El más famoso es Qusayr Amra, Patrimonio de la Humanidad por sus frescos del siglo VIII.
La ruta combina historia, paisajes desérticos y una sensación de soledad que engancha.


10. Subir al pico más alto de Jordania: Jabal Umm ad Dami
Si te gustan las vistas y la aventura, esta excursión es una joya. Se encuentra al sur, dentro del desierto de Wadi Rum, cerca de la frontera con Arabia Saudí. El ascenso no es difícil, pero sí caluroso, así que conviene madrugar. Desde arriba, las vistas son espectaculares: el desierto infinito a tus pies y la sensación de estar en el techo del país.


11. Conocer la cultura beduina
Más allá de los paisajes, lo que hace especial a Jordania es su gente. Los beduinos, habitantes del desierto, son increíblemente hospitalarios. Pasar tiempo con ellos, tomar té bajo las estrellas o escuchar sus historias alrededor del fuego es una experiencia que vale más que cualquier monumento.
Aprendes que el desierto no es vacío: está lleno de vida, tradiciones y orgullo.

12. Probar la comida local
La gastronomía jordana es una delicia. El mansaf, plato nacional, lleva cordero cocido con yogur seco y arroz. También encontrarás falafel, hummus, mutabal, y dulces como el kunafa, hecho con queso y miel.
Comer en restaurantes locales o en casas beduinas es parte de la experiencia. No solo por el sabor, sino por el ambiente: la comida aquí se comparte, se charla y se disfruta sin prisa.


13. Ver un atardecer en Jordania (donde sea)
Puede ser en Wadi Rum, en Petra o en el Mar Muerto. Pero si hay algo que te llevas en la retina de Jordania, son sus atardeceres. La luz cambia completamente los colores del paisaje, las montañas se vuelven doradas y todo se vuelve más lento.
Es el momento perfecto para sentarte con un té, respirar y simplemente disfrutar del lugar.

Consejo final
Jordania es mucho más que Petra. Es un país que combina aventura, historia, cultura y hospitalidad de una manera única. No vayas con prisa: dedica tiempo a hablar con la gente, probar la comida, mirar el paisaje y dejarte sorprender. Y cuando creas que ya lo has visto todo, siempre aparece algo nuevo que te hace sonreír.

